jueves, 30 de septiembre de 2010

Aunque...

AUNQUE...


AUNQUE SIENTAS EL CANSANCIO




AUNQUE LAS FUERZAS TE ABANDONEN

AUNQUE UN ERROR TE LASTIME

AUNQUE UNA ILUSIÓN SE APAGUE

AUNQUE UN DOLOR QUEME TUS OJOS

AUNQUE IGNOREN TUS ESFUERZOS

AUNQUE LA INGRATITUD SEA LA PAGA

AUNQUE NO COMPRENDAN TU RISA

AUNQUE TODO PAREZCA NADA

VUELVE A EMPEZAR   

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Esto no es mío... pero es así como me siento ahora, eso refleja mi alma. Espero poder hacer la última parte, gracias.

jueves, 26 de agosto de 2010

Y grito!


Y grito!

Y las palabras fluyen como miel corriendo por mi piel, las notas altas traspasan mis oídos mientras trato de coordinar mi cuerpo al mismo ritmo. Tú me pones eufórica… tu cuerpo choca contra el mío mientras nos abalanzamos en esta danza sin final… salvaje… pura… milenaria.
Se que debo parar, pero no puedo… el batir de alas ya está hecho… ya despegué de esta tierra indómita para dormir en otros lugares con tu piel como única compañía. Oigo gritos eufóricos e incoherentes a mi alrededor, y se que soy causante de alguno de ellos, pero mi garganta quema y pide más… gime, ruge y pide más… grito!.
Y la música vuelve a traspasar mis oídos como el dulce elixir que necesito para esta danza sin final… es mi puente entre cuerpo y alma y el lugar donde todo puede pasar. Mi piel mojada reclama el aire fresco para calmar el ardor y río…. Mi risa se oye como notas extras de la música que agita mi cuerpo, tan pura y alegre que vuelvo a reír… me río de mí, me río de ti que me miras feliz, me río de las luces parpadeantes que me llevan a otra dimensión envolviéndome. Levanto mi cabeza y río… y agradezco al cielo estar viva.
Y sacudo mi cabello cuando mis gracias llegan al cielo, mis hilos sueltos danzando alrededor de mí se azotan en mi rostro feliz, como mariposas en días estivales. Y tú estás ahí… bajo el brillo de las luces como un ángel triunfador, con tus pies chocando contra el suelo… como los míos y esa risa tan feliz... la risa que me contagia y que me hace carcajear a la vez. Y tomas mi cintura para sacudirnos al ritmo...
Y grito!...
Porque mientras nuestros cuerpos se sacuden entre cientos de personas nuestras almas se reconocen, choca la piel, se oyen nuestras risas, podemos gritar… y un beso final, señalando la hora de la partida. Entonces las luces dejan de girar y la música se acalla guardando su suave y ligero compás… hasta otra ocasión en que nuestros cuerpos se vuelvan a rozar.
Y en el aire nauseabundo, producto de aquella mezcla exquisita de gente feliz, nuestras respiraciones agitadas, son lo único que se puede escuchar…

viernes, 13 de agosto de 2010

Habitación 23



Habitación 23

Ella se recargó en la pared del ascensor mientras sus manos ajustaban su portaligas en su lugar, debajo de su vestido. Miró hacia arriba y se percató que solo faltaba un piso más para llegar a su cita fija de todos los viernes.

Hacía más de un año que lo hacía, más de un año que los viernes dejaba de hacer el papel de madre y esposa para convertirse en amante. Y no se arrepentía. Ese secreto nunca salía de la habitación veintitrés, nunca salía más allá de ese edificio. Y su vida estaba bien así… tal cual se presentaba. No necesitaba nada más.

Ese día era especial, ella llegaba tarde… su fastidioso marido había faltado a su trabajo por una enfermedad estomacal, así que tuvo que asegurarse de que él obtuviera sus medicinas y cerrara los ojos para su siesta reparadora así ella se calzaba su único par de zapatos de 13 centímetros de tacón, se pusiera su vestido sexy y su tan usado portaligas, tapara su secreto con su sobretodo negro y saliera de su departamento dejando a los niños con su cordial vecina. Ella había corrido hasta su cita de cada viernes.

El sonido del ascensor al detenerse la apresuró a bajar su vestido y acomodarse su sobretodo y salir por el desolado pasillo de paredes blancas hacia aquella tan anhelada habitación, sus tacones resonaban en el piso de mármol color marfil y casi pudo ver su reflejo antes de llegar a la puerta cahoba que marcaba el destino de cada viernes.

Solo fue suficiente que sus nudillos golpearan una sola vez para que luego de cinco segundos la puerta se abriera y su cita de cada viernes la recibiera con su mirada ansiosa… y entonces ella se sintió revivir cuando él se hizo a un lado para darle paso. Los percances de la semana, los problemas, las discusiones, su ardua labor como señora de su casa, como madre y esposa… se desprendieron de ella y quedaron en el corredor, detrás de aquella puerta blanca con el número 23 en su frente, listos para irse con ella cuando saliera de vuelta. Listos para cagar en su espalda de nuevo… pero con la esperanza de olvidarse de ellos cada viernes cuando esos labios la besaban, cuando esas manos la tocaban… cuando una y otra vez… descubría su placer.

jueves, 5 de agosto de 2010

Cambia mi piel



Cambia mi piel

Deslumbrado por el fuego, me acerqué…

Tus palabras blandieron llamas como latigazos sin perdón, y me vi rodeado… embriagado por el dulce dolor me sumergí y me quemaste. Mi garganta seca ni siquiera pudo gritar… ni para detenerte… solo te dejé ir mientras me consumía a tus pies, mi corazón en llagas moría con cada paso lejos de mi…

Navego en olvido para descansar, arrancar mi piel de tus besos… de tus labios, de tus manos.

Los días me apuran… hoy no sale el sol ¿mañana saldrá?... no aguanto, me quema…

Si no estás quema…

Siento que me hundo, mi pecho se desgarra ante el dolor… quema…

No sé, ¿estuviste? ¿Fue real?

Mi todo huele a ti… mi almohada, mi piel… el perfume de la embriagadez… y lo aspiro porque prefiero morir oliéndote a no tener nada… a dejarte ir sin más.

Tiempo a descuento me huye el puñal, corro a tus brazos y ya no están… como un ciego en medio de la oscuridad, más perdido de lo que estoy… quema…

Si fuera posible arrancar la piel de mí… lejos… porque toda ella te tiene, la dejaste marcada. Cambiar mi piel… ya que no estás…

Desnudo hasta los huesos, hundiéndome en mi desconsuelo… no hay vuelta hacia atrás. Consumiéndome en cada respiro… porque maldito yo que aún respiro tu piel, desesperado respiro… hasta que no quede más…

Sigo…

Y trato de no mirar hacia atrás… jadeante y con mi pecho aplastado, arde cada célula de mi garganta, pero es necesario… el dolor es señal de cambio.

Cambia mi piel… la quemada cae, en girones hacia el mar y la nueva me envuelve abrazando los recuerdos… sale el sol…

Y camino… ya sabrás, mis rodillas arden y soplo la tierra de ellas, mis heridas sanan… y camino…

Y mi nueva piel se abriga en el olvido… al menos para no dolerme tanto…

Y cargo mi dolor, mis recuerdos… cargo contigo…

Y no miro hacia atrás…